[VWD2014] Etapa 6: Diano Marina – Sarzana.

Ni el principio ni el fin de esta sexta etapa estaban recogidos dentro del diario de ruta, simplemente son localizaciones en las que el destino o la necesidad me llevaron a acampar.

Volvemos (en plural si, ella -mi Vespa- y yo) a ponernos en ruta y el tráfico te recuerda que “esto es Italia”. Como os contaba en la crónica anterior, es una especie de Vietnam circulatorio y lo que descubrí la tarde-noche anterior no era nada con lo que me encontraré esta mañana. Continuo por la carretera de la costa donde se suceden poblaciones una tras otra, encadenadas por el incesante tráfico rodado. Pero qué mejor manera para medir la temperatura a un país y una sociedad que unirse a la masa que sale de casa para recibir el día. Lo cual me permite disfrutar también de las vistas, el mar,… Y descubres como cualquier pequeño espacio al lado del arcén bien vale como aparcamiento y de ahí, serpenteando las rocas, un acceso peatonal entre camino y escalera para aprovechar cualquier cala, playa de arena o grijo y montarse un binomio chiringuito-playero. Eso si, las playas urbanas bien merecen un despliegue vintage de sombrillas y hamacas.

Playa en Liguria

Playa urbana por la region de la Liguria (Italia).

A estas alturas ya sabréis que no frecuento las autopistas, no tanto porque que haya que pasar por caja o porque sufra menos mi motor de 125cc (que sí); sino porque las carreteras convencionales te invitan a la aventura. Te fijas que con el cambio de frontera también cambia el código de color que define una vía como “autopista/autovía” y he aquí que los italianos cruzan los colores respecto al modelo francés donde la autopista es azul como España y verde es la carretera convencional… en Italia verde es la autopista y azul la convencional.

Por el camino me cruzo con una tienda de electrodomésticos en la que los carteles con las grandes compañías de móviles que operan en el país, destacaban en su fachada. Momento que aproveché a poner pié en tierra y comprar una tarjeta de datos para volver a estar comunicado. Si bien me habían recomendado en el camping que comprara una tarjeta de WIND, la encantadora pareja que me atendió me recomendó la tarjeta de TIM por que tendrá mejor cobertura en el recorrido por donde me movería en los próximos días. Al igual que en Francia, les pedí que si me podían activar la tarjeta para salvar la barrera idiomática del proceso de activación. Mientras se realiza la gestión me preguntan sobre mi destino, hablamos de Vespa, de la que tuvieron en su juventud,… deseándome buen viaje mientras salgo de la tienda con el móvil con datos 100% operativo.

Y llegamos a la odisea genovesa. Atravesar Génova me robará mucho de mi preciado tiempo y pondrá mi paciencia en juego al enfrentarse a un denso tráfico, unas vías -rápidas porque así te obligan ellos a circular- que en un momento te llevan a saludar al vecino del quinto y al siguiente a la oscuridad del sótano, esquivando columnas de otros viaductos y las zonas marcadas como carril bus (bajo pena de multa) que iban apareciendo de la nada tanto a la derecha como al centro o izquierda… todo ello amenizado por centenares de coches y scooters a tu alrededor; estos sobretodo, protagonizando una salida tras otra cual campeonato de MotoGP, de semáforo a semáforo. Eso si, con tiempo en cada uno para interesarse por mi moto, mi viaje y recomendarme “no dejar de ir a…”. !!Qué grandes!! Ciao Génova, nos volveremos a ver a la vuelta.

Y tras unas cuantas horas llegamos al Parque Natural de las Cinque Terre, un grupo montañoso pegado a la costa que esconde cinco singulares poblaciones, de las que sólo me dará tiempo descubrir dos y a las que, para poder acceder, debes dejar el vehículo en un aparcamiento habilitado algo más arriba y descender hacia el pueblo caminando unos 10 minutos en cada caso; y eso que yo me las arreglaba para dejar la Vespa lo más abajo posible, convenciendo a lugareños y autoridades. Para que os hagáis una idea, hay un servicio de microbús para acercar turistas desde los aparcamientos más arriba en la cumbre a los pueblos.

Y así llegué a Maranola, una de las cinco, sobre la que no hay información precisa sobre su fundación pero si que se estima muy antigua. Enclavada entre promontorios rocosos, el pueblo con sus casa de colores va aprovechando espacios al cobijo de las montañas y con ventana al profundo mar.

Maranola

Maranola, Cinque Terre.

La misma paz que respiré en todo el viaje desde que entré en Francia, se vió interrumpida por las groseras voces de un grupo de jóvenes españoles saltando desde las rocas al mar (dejo al lector el comentario frente a tal comportamiento con el que una y otra vez he visto como levantaban miradas de desaprobación entre el resto del personal internacional).

Vernazza, otra de las villas de las Cinque Terre, ya era un pueblo fortificado allá por el año 1080. Fué fundada por los esclavos libertos de la familia romana de “Gens Vulnetia”. Al igual que el anterior, su forma de concha se explica por aprovechar el abrazo montañoso que la protege a sus espaldas.

En este punto, mientras ordenaba la equipación para bajar al pueblo, aparecen tres moteros argentinos (de mano pensé que españoles por las matrículas) que habían alquilado las motos y estaban recorriendo Europa. Dos oficiales y un capitán de viaje entre amigos que, aún no estando de servicio, hizo valer sus galones al decir que el no se bajaba de la moto para ponerse a caminar esos “10 minutos que luego son más” bajo el bochornoso sol de La Spezia. Por lo que terminaron marchando en busca del hotel para refrescarse. He de decir que les entiendo, pues yo no dejaba de transpirar pero, a diferencia de ellos, no me vengo hasta aquí para no descubrir los tesoros que geografía y la historia nos ocultan. Eso si, antes de marcharse les recomendé visitar Cudillero (en Asturias) a su vuelta a España, donde podrían acceder al puerto, disfrutar de una villa marinera de similares características que, además, les permitirá dejar las motos aparcadas cerca de las terrazas existentes para el disfrute y refresco del personal que acuda a la tierra asturiana.

Vernazza, callejuelas.

callejuelas de Vernazza, Cinque Terre.

En conjunto, las Cinque Terre están declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Además de a la pesca, sus habitantes se dedicaron moldear en sucesivas terrazas las escarpadas colinas para desarrollar el cultivo vinícola. Comunicadas entre sí mediante una línea de tren que descarga en sus entrañas a los turistas, también se comunican por una senda peatonal de varios kilómetros sobre los acantilados, de pago… pero si les explicas que solo necesitas andar unos metros para conseguir encuadrar con tu cámara el pueblo, no habrá problemas.

Vernazza

Vernazza, Cinque Terre.

El resto de la jornada, rodar para avanzar hacia La Toscana y localizar un camping donde decido abonar la exagerada cuota por la electricidad (se pensarán que voy a consumir como una autocaravana) para poder cargar baterías con tranquilidad. Pero antes, ducha, colada y levanto mi oficina nocturna para tomar notas del día y descargar las fotos, mientras doy cuenta de una cervecita bien fría. El wifi gratis pésimo, pero no se si será porque en la terraza, a mi lado, una pareja de “abueletes 2.0” con sendos portátiles les daban las buenas noches a sus británicos nietecitos vía Skype.

Colada camping Sarzana

CONTINÚA EL VIAJE CON LA SIGUIENTE LECTURA:

(previo) Etapa 5: Aix en Provence – Diano Marina.

(siguiente) Etapa 7: Lucca, Pontedera y Pisa.

Un pensamiento en “[VWD2014] Etapa 6: Diano Marina – Sarzana.

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