[VWD2014] Etapas 17 a 20: Volvemos a casa.

Mi gran aventura vespística por Europa pone rumbo final. Enfoco la carretera que me acercó a Venecia para iniciar el salto del Adriático al Mar Mediterráneo. 400 kilómetros de carreteras secundarias que me lleven a Génova con la idea de dormir allí y gestionar la vuelta en ferry hasta Barcelona.
Loco
Una etapa algo loca (como indica el nombre del pueblo), llena de contrastes y no solo de temperatura, pues de rodar con un enorme calor sofocante por las llanuras de las regiones del Veneto, Lombardía o de la Emilia-Romagna, encontrarse con la humedad y el frío de los Apeninos camino de la Liguria, que me obliga a ponerme las mallas térmicas… mi último recurso frente al frío.
Y es que amigos/as, cómo iba a irme de Italia después de ir a ver a Heidi por los Alpes y no pasar a saludar a Marco en los Apeninos… pero coño con estos, su gélida humedad y su carretera en mal estado. Dos han sido las veces que me he visto en el suelo al tomar una curva cerrada y no percatarme del grijo. Está claro porqué apenas me he encontrado circulación es esta última parte de la etapa.
Una larga etapa que consumiría la batería del móvil justo cuando voy a llegar a Génova bien entrada la noche; cuando más lo necesitaba para orientarme y encontrar un alojamiento (esta noche prescindo de camping). Tras pasar por un par de hoteles (demasiado caro o sin aparcamiento privado) termino alojándome en un viejo hotel del centro.
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Al día siguiente recorro la ciudad en busca de las oficinas de la naviera Grandi Navi Veloci según la dirección postal que adjuntan en sus correos electrónicos. Cual es mi sorpresa cuando en el edificio de oficinas la naviera no está, se han trasladado hace tiempo al centro comercial sito en el puerto de Génova… se ve que actualizar la firma de los correos es una tarea ardua complicada. Esta insignificante anécdota viene a cuento de lo que en conjunto es mi triste opinión sobre la naviera.
Ya en el puerto, aparco en un espacio apartado para subir al centro comercial, presentar mi documentación, la de la moto y adquirir un billete que me lleve a Barcelona al día siguiente. Si es el día siguiente, no es la próxima semana… este error (compartido porque debería haber comprobado los papeles) me costaría al día siguiente una penalización extra para “solventarlo” (aquí no compartimos la culpa, aquí lo pago yo entero).
Cuando me vuelvo a la moto… me pregunto: ¿y ahora como salgo de aquí? si todo me lleva a entrar en la panza de algún buque camino de África. Así pues, me dirijo con donde me vine, 5 carriles en dirección contraria por dentro del puerto… y claro, ahí me estaban esperando apoyados en el coche la Polizia de Finanzas (uno de tantos cuerpos policiales italianos, en este caso, la autoridad policial en el puerto), me sacan la “piruleta” que tan “discretamente” llevan calada en la bota de caña alta y todo serios me indican que me acerque al control. Mal asunto enojar a los los policías italianos (que no se como me arreglo para discutir con ellos cada vez que voy a Italia jaja)… con su chulería no sabes por donde te van a salir. Le indico que ya tengo el billete pero que no encuentro la salida….. me dicen que de frente, por donde vine que hay una salida… “sentito único” o algo asi dicen. Pero bueno, interpreto mi papel en la comedia en la que el veterano apoyado en la chapa del coche le está enseñando el oficio al novato, les dedico una sonrisa y gas…
Con todo ello, me busco un camping para lo que recorro la misma carretera que me llevó al sur. A unos treinta kilómetros se encuentra Rapallo y el camping donde descansaría todo el día. Me doy el gustazo de tomar el sol, bañarme y beber cerveza. Incluso, aun no siendo futbolero, ver un partido de la selección en el mundial en compañía de unos alemanes.
Camping Rapallo
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Al día siguiente, madrugo para disponer de tiempo para solventar cualquier nueva incidencia a la hora de embarcar en el autobús marino del grupo Grimaldi.
Ferry01
Colas para embarcar. Las motos entramos los últimos.
Tras pasar varios puestos de control, descubro lo que antes comentaba del error de fechas. Pero es que antes de eso me tuve que poner serio e indicarle a la empleada de la compañía que me escuchase y mirase los papeles que le entregaba (que incluían mi DNI), pues ella insistía en que le entregara el pasaporte (me imagino que perdiera los papeles después de atender la anarquía de cientos de marroquíes que iban camino de Tanger en el mismo buque), a lo cual le indiqué que era comunitario y no necesito pasaporte alguno.
ferry02
Vistas de Génova desde el ferry.
El viaje por tanto, un panorama. Solo endulzado por las conversaciones que mantuve a lo largo del trayecto con un grupo de moteros murcianos y una pareja de argentinos que alquilaron un coche en Madrid y llevan recorriendo Europa un mes…
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Son las 7:00 horas del último día. Me espera Barcelona. El pasaje que vamos a desembarcar es reunido en la cafetería del buque previo a la orden de bajar a la bodega de carga.
Desembarco, saludo a Colón (la aventura es la aventura amigo…) conecto con la N-II y A-2, ponemos rumbo a Lleida, Zaragoza, Logroño, Burgos, León… y Oviedo. La distancia (900 km) me hizo apretar a la pequeña por encima de su zona de confort, que viene a ser los 90km/h… por lo que el consumo se disparó y cada 150 km había que hacer una parada para repostar…. aún así, se portó nuevamente como una campeona.

La jornada transcurrió con normalidad hasta pasar Logroño. A partir de ese punto el tiempo empeoró hasta el punto de sufrir fuertes tormentas que me hicieron parar para esperar que pasase, limpiar el casco de mosquitos, aceites,… que producen una pasta en la visera que te impide ver; unido al agua torrencial, viento y el estar circulando entre camiones, te lleva a pensarte en pararse, tomártelo con calma, limpiarte y esperar…

En esos momentos, intercambias charlas con el personal de las estaciones de servicio o de las cafeterías… te preguntan, se asombran y en su mayoría vienen a decir: “es una locura, eso no lo hago yo ni en coche”. Lo que me hace pensar que, reconozco que ha sido duro y gratificante a la vez, pero que no lo valoraba como una gran aventura… y que la gente con la que me he ido encontrando por el camino me ha hecho revalorizar este viaje sobre mi pequeña Vespa.

Finalmente el orbayu y la niebla me reciben al entrar Asturias pero me sabe a gloria, estoy en casa… una gran sonrisa se apodera de mi cara y apuro los últimos kilómetros tras 21 días en la carretera. Una experiencia que me viene casi a diario a la mente, como si una llamada desesperada dentro de mi cuerpo esperara que iniciara de nuevo la marcha con destino incierto, pero de nuevo en ruta. Espero saciar pronto esta necesidad de salir a rodar y descubrir el mundo que hay ahí afuera.

Fin.

(previo) Etapa 16: La Serenissima.

 

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