[cc2015] Etapa 4: El Milanesado.

Como será la tónica habitual en el viaje, salgo temprano del camping. No dejo de sorprender a mis vecinos extranjeros, en esta ocasión al verme desmontar la tienda antes de que ellos terminen de despegar sus pestañas mientras miran con curiosidad desde las pequeñas ventanas de sus autocaravanas. Rompiendo tópicos. En ocasiones me veré abocado a esperar la hora a la que el personal del camping levante la barrera.
[cc2015] Etapa 4 El Milanesado
Uno de los mayores placeres de comenzar pronto a rodar, es recibir en la cara esas bocanadas de aire fresco que aún no se ha visto viciado. Lleno los pulmones de litros de aire purificado por el arbóreo pulmón del Parque Natural en el Piamonte. Será el único momento del día cuya temperatura será agradable. Soy hombre del norte y los calores me afectan.
Avanzo. Pequeños pueblos van despertando a mi paso mientras mi curiosidad va “in crescendo”. Tras meses de preparación y tres días de viaje, es ahora cuando me veo inundado de desbordante excitación; ahora si comienza mi aventura.
DESA
grata sorpresa. un “desfibrilador” público en un pequeño pueblo italiano.
Hago un alto en el camino para desayunar en un bar tienda; buongiorno… De mi boca comienzan a salir paroles con las que me iré defendiendo. No soy ducho en idiomas por lo que debo compensarlo con gallardía y educación, así pues, un primer contacto esforzándote en el idioma local abre muchas puertas y roba sonrisas de aprobación. Me atiende una voluptuosa y amable italiana que me sirve mi primer cappuccino (no cometas el error de pedirlo en otro momento que no sea a la hora del desayuno, el italiano no te dirá nada pero habrás perdido muchos enteros). Del local cuelgan embutidos de la región, otros productos envasados se distribuyen por estanterías alrededor de la barista máquina de la que se extrae el negro nectar del café. No hay barra; un alto mostrador acristalado lleno de productos nos separa. Disfruto de mi desayuno en una de las mesas mientras mi vista se recrea en la decoración del local, con antiguos anuncios y carteles de las distintas fiestas que se celebran por la región. Unas mujeres del pueblo toman posesión de otra mesa a la que enseguida se suma la dependienta en animada conversación. Mi repertorio de italiano prácticamente cierra su círculo en cuanto me despido… Ciao!
Me dirijo a Milán descontando kilómetros por localidades ligadas al Camino Español de los Tercios a Flandes, como Alessandría o Pavía. El calor me deshidrata pero me niego a quitarme la chaqueta de moto por seguridad, máxime con el peculiar estilo de conducción italiano que me obliga a estar muy pendiente del retrovisor ante los cerrados adelantamientos sobre línea continua a la que me veo sometido.
Desde Pavía, la carretera transcurre paralela al canal Pavese, arteria fluvial de comunicación construida en la época española que hizo de Milán un gran puerto “de interior”. Por estos canales se trasladó el marmol que luce hoy en el Duomo, su catedral. Y es que Milán estuvo bajo influencia española la nada desdeñable cifra de 150 años, casi tantos años como italiana lleva en la actualidad.
Canal Pavese - Milán
Naviglio Pavese.
Entro en Milán, el bastión español que controlaba los intereses de la Corona en la zona, sede del Tercio Viejo de Lombardía – “el osado” (si bien no todo el Tercio se encontraba acantonado en Milán, ciudades como Mantua, Brescia, Como,… tenían unidades desplegadas). Milán siempre ha sido el centro neurálgico de la política geoestratégica de la Corona española en Europa y garante del resto de posesiones.
Duomo de MIlán
Piazza del Duomo – milán.
Busco la manera de dejar la moto lo más cerca posible de las zonas que impiden adentrarse a vehículos a motor. En Italia tienen acotados los centros históricos en base a horarios y permisos, todo ello controlado con cámaras que retratan nuestras placas de matrícula. Así me adentro en busca del Duomo, la gótica Catedral de Milán, que se encontraba tomada por militares del ejercito alpino italiano (con su inconfundible gorro y pluma), seguramente en previsión de un atentado. Me dirijo al personal en la entrada para hacerles ver que tengo un objetivo y comienza en esta belleza arquitectónica que, al igual que en 1386, no deja indiferente a nadie al verla. Dejo atrás las colas de turistas. Descorren la cinta perimetral y accedo directamente previo escaneo corporal y del equipo técnico que llevo conmigo en todo momento. Mientras nos acercamos al corazón del Duomo, voy explicando la ruta planeada y lo que ya llevo recorrido; mi contertulio no sale de su asombro mientras me habla de los recuerdos que tiene de su paso por Oviedo, hace ya unos años.  Mi objetivo es llevar en paralelo al Camino Español de los Tercios a Flandes, el Camino de Santiago. Así, desde Milán, iré cubriendo mi acreditación de peregrino con los sellos de lugares emblemáticos del catolicismo; lugares por donde trascurren distintas variantes del camino en ruta a Compostela. El sello del Duomo de Milán rubrica el primero en una credencial que pronto se convertirá en un cuadro de sellos, reflejo de este viaje.
Galería Vittorio Emmanuele II - Milán
De camino a la moto me desvío por algo más banal y pecador que el santo lugar del que acabo de salir. Situado al lado del Duomo se encuentra la Galería Vittorio Emmanuele II. Un pasaje comercial en forma de cruz, cubierto por una cúpula de acero y cristal. Construido en 1877 con la intención de que las mujeres de la nobleza y la burguesía tuvieran en un mismo lugar, a cubierto y en exclusiva, acceso a todo aquello que pudieran desear. Se podría decir que fue el origen de los centros comerciales tal y como los conocemos hoy en día. Todo turista tiene la obligación de cumplir con alguna tradición si quiere volver a visitar el lugar, en Milán se encuentra en la Galería y lo sufre un toro sobre el que hay que rotar con el talón 3 vueltas.
Turistas chinos en Milán
 Chinos cumpliendo la turística tradición de pisarle los atributos al toro.
El Castillo Sforza era la fortaleza española del bastión, lugar al que arribaban los bisoños soldados para recibir instrucción, la cual terminarían de completar hombro con hombro del veterano de los Tercios en su camino hacia Flandes, por alguna de las distintas rutas que se mantuvieron abiertas durante los 80 años que duró el conflicto de los Países Bajos. Declino acercarme a la fortaleza y ganar tiempo para ir avanzando en la ruta hacia Como. Y es que lo que hoy se nos presenta no es representativo de la grandeza que esta fortaleza mostraba al mundo en época de los Tercios, pues estamos ante una reconstrucción de 1893. Igual de artificial es la “leyenda negra española” creada interesadamente sobre el periodo de la historia que compartimos pues, al igual que más adelante comentaré sobre nuestro pasado en Flandes, los burgueses y la nobleza milanesa (*) se vio enormemente enriquecida durante el período español. Pero no hay nada como crear un enemigo común para todos los males, pegamento unificador en la nueva identidad nacional italiana; sin contar con los hilos que se mueven desde una Francia deseosa de expandirse, o de muchas otras naciones europeas que de soslayo envidiaban al español. De alguna manera no puedo dejar de relacionar la historia con la actualidad y capto ciertas similitudes en la actitud política que vivimos en la artificial unión europea. Trace un meridiano y se encontrarán franceses y suizos entre dos aguas buscando su interés propio en río revuelto, los países del norte (escandinavos, alemanes, holandeses, británicos,…) y los del sur (portugueses, españoles, italianos… ). Analogía histórica de la época en la que transcurre esta aventura con la actualidad.
(*) no nombro al pueblo llano porque ya sabemos que tanto gobierne uno u otro, siempre se lleva la peor parte de la historia.
Pongo rumbo al norte. Localizo un camping en Como, un mundo de lagos y grandes carteras, paraíso de románticos… Clooney, Sinatra, Donatella Versace son algunos de sus famosos vecinos -ahora llego yo-. Tras levantar el campamento y asearme, termino de enlazar palabras con “cierto sentido” en notas que transcribo en el portátil, notas que se habrán transformado en el artículo que hoy se te presenta. El bochornoso calor me ha pasado factura y pongo en remojo los músculos en la piscina mientras sueño con una cervecita italiana bien fría, algo que no se dará por encontrarse cerrado tanto el bar del camping como el de un agriturismo que se encuentra unos cientos de metros más allá. Me tendrá que valer lo que me queda en las alforjas de agua frizzante, tan rica cuando no está a temperatura ambiente.
Espero el momento de caer rendido en la tienda de campaña mientras suenan las campanas de las iglesias a uno y otro lado del lago, cual comunicación inalámbrica donde las ondas viajaran por el agua que los separa.
continúa el viaje con la siguiente lectura:

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