[cc2015] Etapas 16 y 17: Rocamadour (Francia) – Oviedo

Amanece en la región de Midi-Pyrénées. La paz reina en la pequeña población del Departamento de Lot donde el día anterior llegué con la tarde bien avanzada. La luz de la mañana comienza a inundar la habitación. La climatología era buena, por lo que no me obligaba a cambiar camping por habitación; tampoco entraba en el presupuesto… pero una idea rondaba por mi cabeza desde hace unos días y era necesario descansar lo mejor posible esa noche. Más de mil kilómetros de carreteras secundarias y dos paradas obligatorias me separan de casa y no me iba a bajar de la moto hasta culminar el plan. ¿Locura? ¿Machada? Cada lector llegará a sus propias conclusiones. Para mi era un reto pues hay que tener arrestos para ello, a la par que necesario pues en casa me esperaban unas gestiones que no podía dilatar más en el tiempo, antes de continuar hacia Compostela.

Etapa 16 - de Rocamadour a Oviedo

El pequeño hotel no tenía aparcamiento, pero la amabilidad de sus gentes hizo que apareciera un hueco en un garaje particular que tenían en las cercanías. Tras sacar la moto, volver a cargarla y mirar las presiones, me despido con un fuerte apretón de manos.

Me lanzo de lleno a territorio occitano, una basta extensión de territorio que abarca desde los Alpes Marítimos por levante, hasta el Golfo de Vizcaya por poniente. Las suaves curvas entre colinas boscosas marcan el ritmo de la mañana mientras me guío por las señales del camino que me dirigen hacia Rocamadour.

Rocamadour 01

En pleno corazón del Parque Natural de las Mesetas calcáreas de Quercy, a cobijo de una de las gargantas fluviales esculpidas lentamente por la paciente naturaleza, se aferra a la verticalidad de sus paredes de roca caliza la sagrada ciudad de Rocamadour. En su santuario, foco de peregrinación milenario, se encuentra la Virgen Negra de Notre-Dame-de-Rocamadour. Hasta este lugar se acercaron ilustres personajes como el rey Luis IX de Francia; el rey Enrique II de Inglaterra; o Jacques Cartier, primer marino francés en explorar el Nuevo Mundo)… y es que, a pesar de encontrarse a muchas millas de la costa, el vínculo del santo lugar con la mar es muy fuerte.

El primer contacto con la pétrea edificación desde un mirador al otro lado de la garganta, hace correr mi imaginación con un torrente de imágenes de la novelesca ciudad de Minas Tirith que describiera el maestro Tolkien. En cierta manera, evoca a la capital del reino de Gondor.

Rocamadour 02

Tras dejar la moto en un aparcamiento gratuito a los pies de la ciudadela, el viajero debe preparar las piernas para una ardua ascensión por rampas y escaleras, entre paredes medievales, que le sumergirán de lleno en la historia del lugar. Cada recodo, cada piedra, cada espacio que se abre al abismo natural que rodea el lugar,… hará florecer su creatividad, sobretodo si lleva una cámara fotográfica en la mano.

Otra leyenda asociada a este lugar es la de Durandal (o Durandarte en España), la poderosa espada de Roldán (paladín-campeón de Carlomagno). Con ella realizó heroicas gestas que merecieron poemas y canciones. Según las crónicas, la icónica espada se encuentra en Rocamadour incrustada en la roca. Esta es solo una de tantas versiones, pero tiene su encanto.

Es mi tercer viaje por Francia y siempre ha estado en mis planes la visita de este lugar. Por fin en esta ocasión y porque era ineludible dentro de mi peregrinaje en Vespa, pude rendirme a los encantos de Rocamadour. Me voy con la sensación de que este lugar y sus alrededores, son merecedores de un viaje en exclusividad del que disfrutar con calma. Quien sabe…

Rocamadour 03

Retorno a la moto cuando el sol aún no ha alcanzado su cénit. Comienza la empresa que me llevará al origen de todas las rutas jacobeas, Oviedo (Asturias). Durante el resto del día y toda la noche conduciré sin pausa, salvo por algunas paradas técnicas.

Disfruto por ahora del entorno hasta enganchar más adelante las largas rectas de carretera convencional que atraviesan y avanzan sobre el mapa. Cuando viajas evitando autopistas, es como el juego de la oca… el camino que sigues llega a una población de la que salen más caminos y toca ir saltando de una población a otra. Las autopistas evitan esto con las circunvalaciones en las grandes urbes. Cuando llego a Mont-de-Marsan, comienzo a dar vueltas por sus atestadas calles en busca del indicador que me lleve a la salida y siguiente destino. Rugen en el cielo los reactores de una base militar cercana mientras lidio con el resto de automovilistas; entretanto el reloj avanza sin demora. Nunca me había llevado tanto salir de un laberinto igual.

Al fondo comienzan a verse los Pirineos, mientras pueblos y arquitectura se van transformando; conduzco por un territorio que antaño formó parte del Reino de Navarra. Nuevamente aparecen las curvas y y un halo de diversión cambia mi cara, vuelvo a disfrutar sobre la moto. A mi encuentro salen indicadores que me guían hacia España y otras señales más concretamente hacia Pamplona. La llave de este extinto reino era la ciudadela fortificada de Saint-Jean-Pied-de-Port, donde llego en plena hora azul que tanto excita a los amantes de la fotografía. Pronto la noche se adueñará del camino y también me viene bien desentumecer los músculos con una breve parada.

Saint-Jean-Pied-de-Port

De estar en la Edad Media, tocaría rascarse la bolsa en busca de unas monedas para abonar el peaje que las autoridades locales exigían al peregrino, sino quería recibir una sesión de garrotazos. Ni uno ni otro, vuelvo a ponerme casco y guantes para iniciar el ascenso hacia mi próxima parada, Roncesvalles… ya en España.

Fue por estos lares donde la leyenda del afamado Roldán, mencionado anteriormente en mi relato de Rocamadour, alcanza su final épico. En el año 778, Carlomagno organiza una expedición militar en un primer intento de fijar unos territorios colchón entre su reino y el Califato de Córdoba, en territorios dominados por caudillos musulmanes con intereses propios.. Si bien no conoció la derrota, no se consumó el objetivo. A su regreso por el paso de Roncesvalles, la alianza vascomusulmana embosca la retaguardia de la tropa en orden de marcha, cayendo en combate el paladín de Carlomagno.

Roncesvalles

Corría el año 1127 cuando, ante los numerosos peregrinos que de camino al santo sepulcro de Compostela entraban por Navarra, se funda la institución hospitalaria de Roncesvalles a instancias del Alfonso I “el batallador”, rey de Aragón y Pamplona.

Los voluntarios que se encargan de la gestión y recepción de las instalaciones están acostumbrados a todo tipo de peregrinajes y más de una anécdota tendrán en su haber, pero lo de este despista les deja perplejos. En su mayoría son holandeses y cuando comienzo a contarles mi periplo por Europa se llaman unos a otros: “este es de Haarlem”, me dicen; “acaba de llegar en Vespa desde tu ciudad”, le informan. Con unas modernas y acogedoras instalaciones, con el cansancio que arrastro y con la familiaridad con la que me reciben… es difícil no quedarse a pasar la noche; pero como adelantaba al principio de la crónica, no puedo retrasarme más. Sólo me doy el lujo de tomarme un respiro para calentar el alma tomando un caldo en una casa de comidas en las inmediaciones. Momento que aprovecho para cambiar la tarjeta al móvil y para trasladar notas de la cabeza al papel, que más tarde se transformarán en estas crónicas que he compartido con todos vosotros/as. Señal a CompostelaMientras realizo las tareas, que de otra forma haría al final de cada etapa tras montar el campamento, intercambio miradas de complicidad acompañadas de una sonrisa entre la variedad cultural y multinacional de personas que como un servidor hemos sido atraídos por este lugar, cada una con un propósito para realizar el Camino.

Al salir de Roncesvalles, una señal nos recuerda los kilómetros (por carretera) que nos separan del destino; que no del final del peregrinaje pues unos aún continúan hasta Fisterra a cumplir con el rito de purificación por el que rompen con el pasado y renacen en una nueva vida, y otros deshacen el camino hasta volver a sus casas.

La oscuridad se cierne sobre la carretera y el frío comienza a afectarme, estamos a finales de junio pero la noche es fría (más sobre la moto). Los mensajes de amigos y familiares se suceden en el móvil alentándome a parar. Los que bien me conocen, saben que se medir los riesgos y si he tomado una decisión, lo mejor que pueden hacer es darme ánimo porque no voy a dar un paso atrás. Basta con que me digan que “no se puede” para que vaya de cabeza…. quizás de ahí provengan estos grandes viajes en la pequeña Vespa.

Antes de llegar a Pamplona me paro en una marquesina de autobús para ponerme las mallas térmicas, el traje de agua con la idea de que actúe como cortavientos y, junto con el arnés reflectante, ganar visibilidad y seguridad. Mientras me equipo, el dueño de un bar cercano se acerca a interesarse por mi estado (algo que llamó también la atención a una patrulla de la GC). Solidaridad motera por otro lado, pues el amigo comparte la afición por las dos ruedas. Le cuento un poco mi aventura mientras me sigo equipando. Me duele rechazar su ofrecimiento y pasar adentro a tomar algo y charlar… no penséis que soy un desagradecido, pues no es por falta de ganas; los que me conocen saben que no rechazo una buena conversación ni un café, pero el reloj marca las diez de la noche y miedo me da ponerme cómodo con todo lo que me queda por recorrer esa noche. Nos despedimos con un buen apretón de manos.

El resto de la noche transita a saltos entre las capitales de provincia (Pamplona, Logroño, Burgos, León), haciendo y deshaciendo kilómetros hasta encontrar la gasolinera de guardia, rezando porque el pequeño depósito de la Vespa no se consuma antes de llegar al siguiente repostaje. Aprovechando en cada parada a picar algo y calentar el cuerpo para volver a luchar contra el sueño y el frío por nuestra particular Siberia peninsular, oteando el corto campo de visión en busca de algún animal que termine haciéndome besar el suelo. Los dos que se atravesaron pude esquivarlos sin peligro…

Será porque la mañana sale a mi encuentro o que entro en tierras asturianas por Lena (el lugar donde me crié) y siento el calor de mi tierra… que comienzo a quitarme parte del equipo y devolverlo a las alforjas. Son algo más de las nueve de la mañana y tan solo treinta kilómetros me separan de Oviedo (y de un gran baño caliente). Donde descansaré ese día, requisaré, sellaré la credencial y volveré a salir a la carretera por el primero de todos los caminos a Compostela, el Camino Primitivo.

CONTINÚA EL VIAJE CON LA SIGUIENTE LECTURA:
(siguiente) “en la mesa de redacción”

Un pensamiento en “[cc2015] Etapas 16 y 17: Rocamadour (Francia) – Oviedo

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