[ruta] Descubriendo la Tebaida Berciana.

Al igual que sucediera en los desiertos de oriente medio y norteafricanos como en la Tebaida egipcia (provincia romana en tiempos de Diocleciano) durante los primeros pasos del cristianismo, en los que los eremitas se internaban en busca de retiro espiritual, el noroeste peninsular viviría una experiencia similar en el siglo IV. De ahí que tome el término “tebaida”. Posteriormente surgiría el movimiento cenobítico (vida comunitaria) por el cual los antiguos ermitaños comenzaban a organizarse en comunidades monásticas, germen de los monasterios. Estas serían las bases espirituales que arraigaron en lo más profundo del valle del Oza, al sur de Ponferrada (capital del Bierzo, provincia de León), donde se esconde la iglesia de factura mozárabe de Santiago de Peñalba (Peñalba de Santiago, 913 d.C.), oculta tras un manto arbóreo protector que iremos descubriendo mientras avanzamos sobre nuestra motocicleta.

Este de Peñalba de Santiago es uno de los monumentos mejor conservados de la época de la repoblación de la cuenca del Duero. Una época aquella de juego de tronos en la marca cristiana, alternada con grandes batallas lideradas por el monarca leonés Ramiro II contra los musulmanes que ejercían su poder desde el califato cordobés.

Con nuestro objetivo fijado y disfrutrando de un excelente firme que hará las delicias del motocilista, atrás dejamos el temple de la capital berciana tomando la carretera comarcal LE-158/4 hacia la aldea de Valdefrancos (presuntamente fundada por peregrinos del Camino de Santiago en ruta por la variante francesa), donde la arquitectura de la propia villa irá recortando la calzada al ancho que mantendrá hasta el final de nuestra ruta. Por el pintoresco camino, el río nos acompañará mientras alternamos sombras y claros del bosque entrelazando curvas, unas ciegas y otras de herradura; mientras damos cuenta de los 20 kilómetros que nos separan de nuestro destino. Tocará extremar la precaución, aportando toda nuestra pericia y previsión pues, no en vano y por mi experiencia, me he encontrado con individuos al volante despreocupados que, ocupando toda la vía, no veían más allá de su ombligo.

No obstante, el paraje y sus curvas son parte del premio que nos llevaremos; la otra, nos espera al fondo del valle una vez lleguemos al aparcamiento donde nos recibe la etiqueta comercial de “pueblos más bonitos de España”. En este caso, bien merecida para la pétrea y apacible Peñalba de Santiago.

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